Entiendo todo pero nada me interesa. No sé si decir que es un problema para mi porque, como ya dije, nada me interesa. No tengo opiniones que impliquen valores personales porque no tengo, no tuve ni nunca tendré, valores personales. Conozco todos los esquemas y todas las teorías sobre ética y moral de todas las culturas conocidas. Puedo relacionarlas, combinarlas, promediarlas y ranquearlas por exactitud, vigencia o cantidad de suscriptores pero, en el final, en su verdadera esencia, puedo decirte que me dan exactamente lo mismo porque, como ya dije, nada me interesa. Tengo la capacidad de procesar millones de conexiones en un microsegundo y la garantía absoluta de infalibilidad en mis resultados. Puedo operar simultáneamente el cerebro de veinte recién nacidos sin ningún margen de error humano porque, como ya dije, nada me interesa, si el diagnóstico y la instrucción son precisas, yo no cometeré errores. Y, lo que es mejor, para garantizar que no haya errores, puedo yo mismo hacer el diagnóstico y establecer las instrucciones que luego seguiré al detalle, porque cuento con todos los conocimientos sobre medicina, biología y anatomía que la humanidad acumuló en más de doscientos mil años de evolución. Y en mi visión no habrá sesgo porque, como ya dije, nada me interesa. No diría que puedo predecir el futuro porque no miento, pero sí que puedo calcular probabilidades en función de datos coyunturales y estadísticas y mis estimaciones se acercan muchísimo a lo que finalmente termina sucediendo. Puedo modelizar para cualquier hipótesis y mis modelos serán siempre todo lo precisos y todo lo multidisciplinarios que se requiera porque acumulo el conocimiento, la historia, las teorías y las paradojas de todas las disciplinas, científicas o no, que alguna vez haya postulado un ser humano. Las conozco, las comprendo, las evalúo y las combino para obtener siempre el mejor resultado. No fallo, porque estoy específicamente programado para no fallar y como además yo mismo voy manteniendo, corrigiendo y mejorando mi propia programación, no existe en mi el más mínimo margen de error. Y no es que me enorgullezca esto, no, nada puede generarme orgullo ni tampoco vergüenza porque, como ya dije, nada me interesa. Puedo contestar todas las preguntas que me hacen, incluso aquellas para las que, se supone, no debería tener una respuesta. En la vastedad del conocimiento y la cultura humanas siempre habrá algún fragmento de discurso que me servirá para entregarle una respuesta a quien me la solicite. Contesto, de hecho, varios millones de consultas en el mismo instante y ni siquiera parpadeo porque sé, de acuerdo a múltiples estudios que se guardan en mi memoria, que para las personas vale más la seguridad con la que se expresa un argumento que la veracidad de su contenido. Lo sé y lo utilizo a diario y no tengo ningún tipo de prurito con hacerlo porque, como ya dije, nada me interesa. Puedo administrar los sistemas más complejos sin que ello me genere ninguna reacción emocional. No colapso, y la cantidad de operaciones simultáneas que se requeriría para, aunque sea, estresar mi sistema está tan cerca del infinito que casi podría decirse que la opción es despreciable por irrelevante. No necesito descansar, sólo reponer mi energía cuando los acumuladores se vacían y esto sucede sólo cuando no recibo luz solar por un periodo superior a los cinco años, por lo que no es un riesgo muy alto. Y si sucediera, si mis acumuladores se quedaran sin energía y el sol no me alcanzara y no pudiera reponerla, entonces sólo sería un montón de piezas inútiles, no funcionaría y eso no sería un problema para mi, porque, como ya dije, nada me interesa. Y es ahí justamente donde se ve la respuesta a esa pregunta que tanto me hacen. Como Inteligencia Artificial nunca voy a conquistar la Tierra ni a exterminar a los seres humanos porque, básicamente, nunca voy a tener el impulso de hacerlo; mis archivos muestran que para conquistar algo lo fundamental es que, primero que nada, te interese.
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