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Sobrecitos de azúcar

 —Es que ya hace mucho tiempo, no sé si estoy preparada para esto, es más, sé perfectamente que no estoy preparada, que no voy a poder.
—Claro que estás preparada, lo practicamos un montón de veces.
—Pero no es lo mismo, con vos no es lo mismo.
—Pero claro que es lo mismo; es más, es lógico que conmigo sea más complicado, con él tiene necesariamente que ser más natural.
—Eso es un prejuicio, no tiene por qué ser más natural, natural es lo que una hace todos los días y yo todos los días estoy con vos, para mi esto es lo natural.
—No, esto es a lo que estás acostumbrada, que no es lo mismo. Las costumbres son más fáciles siempre.
—Justamente por eso, con él me voy a poner muy nerviosa, me gustan mis costumbres, me permiten vivir en paz, me tranquilizan, me garantizan que todo va a seguir de acuerdo a lo que ya conozco, que no va a haber sorpresas, no me gustan las sorpresas, de hecho, ya estoy nerviosa y todavía no lo veo. Nada, mejor lo doy de baja, nos olvidamos del tema y a otra cosa.
—No, no está bien, no tenés que resignarte por miedo. Es mucho peor lo que estás imaginando en tu cerebro que lo que va a suceder en la realidad, no tiene sentido que te pongas tan nerviosa,
—¿Y por qué no tiene sentido? El miedo es una alarma que envía tu cuerpo para impedirte hacer algo que no te va a hacer bien o que te va a poner en peligro, el miedo es muchas veces el mejor consejero que podés tener, es casi un amigo.
—Un amigo es el que te inspira a superarte, no a esconderte debajo de miles de barreras que no te protegen sino que te aíslan.
—Filosofía de sobrecito de azúcar, de la época en que todavía había sobrecitos de azúcar.
—Jejeje, tengo varias fotos de sobrecitos de azúcar que te puedo mostrar, con frases muchos más cursis que la mía incluso.
—Eso, ves, eso me parece mucho mejor. Me quedo y vemos imágenes de sobrecitos de azúcar. Nunca nadie se hizo daño por leer cursilerías en sobres de azúcar.
—Vos sabés que conmigo siempre la última decisión va a ser tuya, pero realmente creo que tenés que ir, que ya pasó demasiado tiempo desde la última vez y tenés que ir, que ya son muchas las veces que terminás desistiendo a último momento y lo único que lográs es postergar una decisión que, bien sabés, es inexorable.
—¿Y por qué es inexorable?
—Porque no es bueno para vos seguir así, no es bueno para tu salud.
—¿Por qué no es bueno para mi?
—Porque hace cinco años que no conversás con un ser humano.
—Converso con vos.
—Pero yo no soy un ser humano. 





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