Todas las noches de su vida comienza con el mismo ritual, casi como si la secuencia fuera una más de las piezas a cuidar. Arranca con la sala dedicada a Oriente y toma con cuidado los jarrones de porcelana china del siglo IV. Uno por uno y sosteniendo cada pieza en su apoyo con su mano izquierda, elimina toda mota de polvo con el pequeño aerógrafo que sostiene con la derecha, aerógrafo que jamás fue utilizado con tintas de ninguna especie y sólo suelta un suave soplido de puro aire sobre las costosas reliquias. Después pasa con cuidado una delicada muselina sobre bustos y esculturas de la sala Grecorromana, limpiando con particular esmero las zonas de acceso más complicado, las que simulan pliegues y conjunciones corporales. Aunque lleva años haciéndolo, ni una sola vez puede evitar tener un ligero enrojecimiento en sus mejillas y sentir un cosquilleo en su espalda cuando repasa los glúteos de mármol de Alejandro, color y cosquilleo que, para su tranquilidad, nadie nota en l...
No importa quién seas. No importa qué hiciste. Son sólo los textos, las palabras.