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El viaje era rutinario. Tres días para atravesar la galaxia y llegar a la estación espacial donde entregar la carga, semillas y embriones de ganado para preparar un nuevo asentamiento humano en un planeta prometedor . Nada del otro mundo, aunque sirviera para preparar, justamente, otro mundo. Tal vez por eso no prestó tanta atención. Tal vez por eso o por confiar ciegamente en los instrumentos, que tantas veces la llevaron sin problemas a cumplir con su trabajo. Tal vez por la noticia reciente de su embarazo, que martillaba su cerebro cada vez que le daba espacio. O tal vez, simplemente, porque el espacio todavía guarda algunos secretos para la soberbia del conocimiento humano. La cuestión es que la tormenta la sorprendió y no le dio tiempo para maniobras evasivas. Los meteoritos empezaron a pasar a toda velocidad y a golpear su nave en varias oportunidades, tan duro que cambiaron su trayectoria sacándola del rumbo fijado. Cuando pasó la tormenta, que no duró más que algunos segundo...