Ir al contenido principal

"Lobos afuera" en Amazon

Entradas populares de este blog

Sobrecitos de azúcar

 —Es que ya hace mucho tiempo, no sé si estoy preparada para esto, es más, sé perfectamente que no estoy preparada, que no voy a poder. —Claro que estás preparada, lo practicamos un montón de veces. —Pero no es lo mismo, con vos no es lo mismo. —Pero claro que es lo mismo; es más, es lógico que conmigo sea más complicado, con él tiene necesariamente que ser más natural. —Eso es un prejuicio, no tiene por qué ser más natural, natural es lo que una hace todos los días y yo todos los días estoy con vos, para mi esto es lo natural. —No, esto es a lo que estás acostumbrada, que no es lo mismo. Las costumbres son más fáciles siempre. —Justamente por eso, con él me voy a poner muy nerviosa, me gustan mis costumbres, me permiten vivir en paz, me tranquilizan, me garantizan que todo va a seguir de acuerdo a lo que ya conozco, que no va a haber sorpresas, no me gustan las sorpresas, de hecho, ya estoy nerviosa y todavía no lo veo. Nada, mejor lo doy de baja, nos olvidamos del tema y a otra c...

Beneficios para los colonos

Cuando llegaron al planeta tenía apenas diez años de edad y una infinita tristeza. No entendía por qué habían tenido que abandonar su hogar en la Tierra, por qué había tenido que dejar a sus amigos atrás ni por qué habían tenido que viajar a un lugar tan remoto que hacía casi imposible pensar en la idea de algún día poder volver. Si el trabajo los obligaba a irse tan lejos, a vivir en un mundo totalmente desconocido, entonces sus padres deberían cambiar de trabajo y listo, no era su culpa que en la Tierra ya no existieran casi oportunidades para granjas pequeñas ni que el dinero no alcanzara. No entendía nada ni quería entender acerca de los beneficios que la corporación agrícola otorgaba a los colonos ni las hectáreas de tierra que acompañaban a la vivienda que les entregaban, vivienda con la que ni siquiera podrían soñar en su planeta original. No entendía, no le importaba y no quería entender. Por más que la nueva casa fuera cálida y luminosa, por más que los suelos fueran fértiles ...

El último acto

Un desperfecto en los propulsores lo obligó a salir del túnel en un lugar equivocado, demasiado cerca de un agujero negro enorme cuya atracción gravitacional había, probablemente, complicado el rumbo trazado originalmente. El problema se agravaba justamente porque ese defecto en los propulsores le impedía escaparse de la fuerza gravitacional que marcaba un final inexorable para su viaje, perdiéndose en la oscuridad y el silencio para toda la eternidad. Tantos años de recorrer el espacio le habían enseñado a no desesperarse ante ninguna circunstancia, por lo que en lugar de angustiarse sopesó detenidamente sus posibilidades mientras su nave flotaba lentamente hacia el que, parecía, sería su último acto. Y justamente este pensamiento fue el que empezó a molestarle, su último acto no podía, no debía ser desaparecer en la nada sin ninguna consecuencia visible, sin que nadie siquiera se enterara. Algo tenía que poder hacer para torcer su destino y, después de evaluarlo todo, entendió que ju...