Se va, haga lo que haga se va, ya no tiene retorno, se calza los anteojos, los auriculares y se va, deja sólo un cuerpo inerte, me deja sus restos, sus despojos, una bolsa vacía de piel y huesos, de carne sin alma, de ropa prolijamente distribuida en una percha orgánica, una nada visible en un todo indolente, insolente e hiriente. Se va y ya no me importa, lo peor de todo es que, de un tiempo a esta parte, ya no me importa. Antes no, antes me desvivía por saber a dónde iba, por tener aunque fuera una pista de qué mundos visitaba. Antes le preguntaba dónde había estado cuando volvía, cuando se desconectaba y me miraba con esa mezcla de resignación y desprecio, con esa cara que decía a gritos ¿volví para encontrar esto? No me importaba el gesto, no me importaba lo que significaba, antes no me importaba, de todas maneras le preguntaba y sabía que no iba a tener respuesta, sólo algunas evasivas inconexas, sólo generalidades. No me importaba, para mi era, por lo menos, un intento de convers...
No importa quién seas. No importa qué hiciste. Son sólo los textos, las palabras.