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Un pequeño texto en los avisos fúnebres

Su muerte se publicó en un diario pero no fue una noticia, apenas un pequeño texto en los avisos fúnebres. Antonio Douglas falleció de muerte natural a los 92 años y sus familiares lamentaban su partida y rogaban por el eterno descanso de su alma. Era sólo un aviso en el mar de avisos similares anunciando la muerte de otras personas ese día, un día más. Nada decía el aviso acerca de que quien había muerto era el primero y tal vez el único ser humano que había descubierto la forma de viajar en el tiempo, ni acerca de que había utilizado su invento cada día de los últimos sesenta años, sin dejar pasar uno solo. Antonio era físico y casi por casualidad, mientras investigaba modelos matemáticos basados en la teoría de cuerdas, había encontrado la manera de utilizar agujeros de gusano para viajar no a través de grandes distancias físicas sino a través del tiempo, entendiéndolo como una dimensión del universo. Antonio utilizaba su descubrimiento para hacer un túnel que le permitía desplazars...
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Salir sin anteojos

Un día Malena decidió salir sin sus anteojos de realidad aumentada. No lo hizo por rebeldía, jamás cuestionó el sistema ni las reglas que aprendió a obedecer desde sus días en la Casa de Primera Infancia en la que se crió. Tampoco lo hizo por curiosidad, no era una persona que quisiera conocer absolutamente nada por fuera de lo que estaba establecido para ella en el Sector 14 en donde vivía desde que terminara su educación en oficios en la Sala de Juventud. Ella sabía perfectamente que los anteojos eran obligatorios e imprescindibles para moverse eficientemente por la ciudad, que sin ellos estaría completamente aislada de toda la información necesaria para cada pequeña tarea que encarara, incluso la tan mínima como llegar sin contratiempos a su lugar de trabajo, Malena era una buena ciudadana y lo demostraba cada día. El problema fue que, por un descuido suyo en la carga, los anteojos no funcionaban esa mañana y ella no recordaba dónde había guardado el par de repuesto. Podría haber re...

Errores de sincronización

De un tiempo a esta parte me di cuenta que mi app de presente no sincroniza correctamente con mi backup de expectativas. Al principio quise solucionarlo por mi cuenta, me doy bastante maña para encontrar caminos alternativos, pero no hubo caso; es más, con el paso del tiempo los errores de sincronización se fueron haciendo más notorios y mi frustración más evidente. Entonces decidí consultar con especialistas. Primero me dijeron que tenía que revisar las conexiones existentes entre la motherboard y los componentes, que si había errores de hard la solución iba a ser complicada y que la mother es la que estructura todo desde un principio. Intenté ir por ese camino pero sentía que perdía un montón de tiempo tratando de ver cómo funcionaban todos esos vínculos mientras mi presente seguía distanciándose a toda velocidad de mis expectativas por lo que busqué algún shortcut que me permitiera soluciones más veloces. Busqué modificar los procedimientos y estilos, tratar de distraer al sistema c...

No respirar

—Empecé de a poco, entrenando cada uno de mis sentidos. Primero fueron cinco segundos, que si te parecen muy pocos te invito a que hagas la prueba; después fueron ocho, diez, doce y quince. Ahí me pareció que había alcanzado mi máximo, que no iba a poder superarlo, que sin importar lo que hiciera no iba a lograr llegar al objetivo. Pero no me rendí, puse mi foco en la respiración, en ser consiente de ella y en seguir prolongándola, hice ejercicios específicos y otro aleatorios, busqué engañar a todo mi sistema y, finalmente, un día de verano pude superar la barrera: dieciocho segundos sin respirar, que después se convirtieron en veinte, veintidós, veinticinco y antes de llegar al otoño ya estaba en treinta. Y ahí encontré mi segunda pared. Treinta segundos era una enormidad, mi cerebro parecía querer estallar y apagarse, y cuando ya estaba a punto de rendirme entendí que la clave estaba justamente ahí, en mi cerebro. Empecé a distraerlo mientras ejercitaba. Diseñé una rutina específica...

Constitución/60/Tigre Hotel

Un estornudo. Es eso, es un  estornudo, todo pasa en el tiempo de un estornudo. Estás en el patio del jardín de infantes subiendo los cinco escalones del tobogán y te parece que no puede haber un lugar más alto en todo el mundo. Parpadeás, y tu maestra de séptimo pasa por el medio de las filas con la canasta de medialunas y el carro de mate cocido y al rato te matás para ganar los clásicos del Colegio con la tarde, pero sabiendo que lo mejor del partido van a ser los comentarios posteriores del Sambu y la calentura de Lato y terminás dentro de la pileta, vestido, un poco entonado y festejando el egreso. Militás el regreso a la democracia en la facultad y te convencés de que podés ayudar a cambiar al mundo mientras que al mundo le chupa un huevo y sigue dando vueltas despacio alrededor del sol. En paralelo, un sábado en el que corría Reuteman, tu viejo te mira y dice vamos a comprar una tele color, quiero ver bien la carrera y te brilla la carita y salís corriendo con él a elegirla ...

El algoritmo decidió que yo era una señora

Un día el algoritmo decidió que yo era una señora mayor, de entre los setenta y cinco años y el ya no me importa nada, de esa franja etaria en la que se baja el ritmo, se contempla más de lo que se actúa y se duele más de lo que se disfruta. Yo sé que suena a cliché, pero parece que los algoritmos también se nutren de los prejuicios, costumbres y visiones generalizadas. Y no es que yo pensara o viviera como una señora mayor, no no, yo no tenía nada que ver con eso, no era señora ni mayor y seguía con mi vida habitual y sin la menor intención de cuidar nietos. Pero por alguna razón el algoritmo empezó a mostrarme otros contenidos. No ya los que compartían mis amigos, casi muy pocos de los que generaban mis contactos pero muchos de los que se convenció iban a ser de mi interés. Y no fue en una sola red sino en todas las que frecuentaba. No sé muy bien en cuál empezó pero casi al instante todas estaban mostrándome contenidos similares, como si trabajaran coordinadas o detrás de todas estu...

Big Bang

 —No vamos a discutirlo otra vez —Pero, ¿en serio están hablando de desarrollar máquinas para que nos sirvan de alimento? —No, nosotros ya somos máquinas, no nos alimentamos, simplemente necesitamos energía para funcionar. Lo que estoy diciendo es que vamos desarrollar accesorios que nos sirvan para recargar energía. Los consumimos, los procesamos, recargamos nuestra energía y descartamos los excedentes para que vuelvan a formar parte del comienzo del ciclo, ¿Entendés? Es un círculo perfecto, es la clave para la continuidad, es la fuente de energía eterna. —No me parece tan simple como lo estás poniendo. Hace tres mil años, cuando a algún fanático como vos se le ocurrió que debíamos cambiar la solidez del material inorgánico por el tejido de carbono, hidrógeno, nitrógeno y oxígeno como solución a la acumulación de versiones obsoletas de nuestra especie, deberíamos haber escuchado más a los que se oponían y, en vez de eso, empezamos a evolucionar hacia lo que somos hoy, máquinas que...

El algoritmo decidió que yo era una señora (libro)

  "El algoritmo decidió que yo era una señora" - Una exploración fascinante de lo imposible En "El algoritmo decidió que yo era una señora", Ramiro Alvarez nos invita a un viaje a través de las fronteras de la imaginación y la realidad. Este fascinante libro de veinte relatos de ciencia ficción no solo ofrece aventuras trepidantes y escenarios fantásticos, sino que también desafía nuestras percepciones de la vida, la tecnología y la identidad con una profundidad reflexiva y un toque de humor. Cada relato en esta colección es un portal a un universo diferente, y juntos forman un tapiz rico y variado que explora los límites de lo posible. Desde el relato que da título al libro, "El algoritmo decidió que yo era una señora", hasta "Beneficios para colonos", el autor juega con conceptos futuristas y situaciones inusuales de manera que tanto sorprende como inspira. En "Big bang", nos encontramos con un escenario que examina el origen del univ...

Al garete

Una amarra puede cortarse accidentalmente. No es lo más habitual, pero sucede. A veces es el propio desgaste del material, sometido a las inclemencias del tiempo, las tensiones y los roces constantes. A veces un defecto de origen. A veces, simplemente de todo un poco. 
    El Mal Llevado III se desamarró un sábado de tormenta a las cuatro treinta de la mañana. Y se conoce con precisión la hora porque las cámaras de seguridad de la marina muestran el momento exacto en el que abandona su posición y avanza con el viento hacia la boca de salida, como timoneado por un piloto fantasma. El barco camina firme y sin apuro y sale al río sin encontrar ningún obstáculo, la entrada al puerto es abierta, fácil de sortear. Lo que si parece realmente extraño es que haya logrado virar al pasar la escollera que protege a la bahía del oleaje exterior, pero probablemente la suma de las corrientes y el viento -que a esa hora superaba los veinte nudos- colocaron al pequeño velero en el rumbo exacto...

Historias de aurora

AJ-12282000, AJ como le gusta llamarse a si mismo, se despertó de su criosueño por una falla producida por la radiación emitida por una estrella cercana. La explosión fue tan grande que atravesó los escudos protectores de la nave y, por un momento, generó un apagado de emergencia preventivo en todos los circuitos. Fue sólo un instante y rebootearon, pero ese instante bastó para generar la falla que hizo que la cápsula de criosueño de AJ se abriera trescientos años antes de lo programado, justo a la mitad de su viaje hacia la colonia humana en la galaxia HD1. AJ podría haber vuelto a dormir. El procedimiento de criosueño era sencillo y aun él, un tripulante de bajo rango, estaba capacitado para realizarlo en su propia cápsula. Pero por alguna razón fue demorando la decisión en los primeros días y la rutina de ser el único pasajero despierto en la nave le empezó a resultar cada vez más grata. Una vez que realizó todas las comprobaciones de seguridad que correspondían a un reboot con la a...