Ir al contenido principal

Errores de sincronización

De un tiempo a esta parte me di cuenta que mi app de presente no sincroniza correctamente con mi backup de expectativas. Al principio quise solucionarlo por mi cuenta, me doy bastante maña para encontrar caminos alternativos, pero no hubo caso; es más, con el paso del tiempo los errores de sincronización se fueron haciendo más notorios y mi frustración más evidente. Entonces decidí consultar con especialistas. Primero me dijeron que tenía que revisar las conexiones existentes entre la motherboard y los componentes, que si había errores de hard la solución iba a ser complicada y que la mother es la que estructura todo desde un principio. Intenté ir por ese camino pero sentía que perdía un montón de tiempo tratando de ver cómo funcionaban todos esos vínculos mientras mi presente seguía distanciándose a toda velocidad de mis expectativas por lo que busqué algún shortcut que me permitiera soluciones más veloces. Busqué modificar los procedimientos y estilos, tratar de distraer al sistema con trucos y evasiones varias para darle tiempo a procesar los fondos como una rutina más dentro del desorden, pensando que si la rutina era la no rutina entonces el sistema se ocuparía de organizar los resultados de alguna forma de la que yo no necesitaba ser consciente y la sincronización terminaría por acomodarse. No funcionó y las alertas empezaron a aparecer en los momentos menos pensados, cuando se suponía que todo mi sistema debía entrar en reposo. Los carteles aparecían con luces de colores en horarios extraños y sin que ninguna actividad evidente pareciera haberlos llamado. Y ocupaban toda la pantalla, impidiendo ver o no ver cualquier otra cosa y consumiendo de tal manera mi energía que el riesgo de colapso se hacía cercano. Fue el momento de probar con los antivirus más potentes del mercado, virtuales granadas químicas en búsqueda de restablecer el normal funcionamiento de todo el sistema. Las alertas desaparecieron o, cuando menos, atenuaron su frecuencia, pero presente y expectativas seguían sin sincronizar y las capacidades de procesamiento se veían afectadas porque la memoria RAM se consumía prácticamente en su totalidad por los antivirus. Ahí fue cuando se me ocurrió que una posibilidad era modificar las expectativas, pero como todo el mundo sabe, un backup es inmodificable, sólo se lo puede tratar de descartar aunque esto también es casi imposible si se lo guardó en la nube, que por otra parte es el mejor lugar para guardar un backup porque así estará siempre disponible. Y, por supuesto, es precisamente el lugar donde yo lo había guardado, seguidor de las mejores prácticas como era en ese momento. Descartado esto, quise volver a instalar la app de presente y así tener la posibilidad de configurarla nuevamente y esta vez hacerlo siguiendo los seteos que aparecían en mis expectativas para que arrancaran coincidiendo de movida. Tampoco funcionó. Por razones que no termino de entender pero supongo tendrán que ver con un mal manejo de caches, la nueva versión de presente volvió a tener los mismos problemas de sincro con mi backup de expectativas y el problema siguió sin solucionarse. Y entonces consulté con mi IT de confianza que, como siempre, me dio un consejo inútil: estoy demasiado seguro que apagar y prender no es una solución posible.




Seguir leyendo "El algoritmo decidió que yo era una señora" en Amazon

Entradas populares de este blog

Vida de perros

La primera vez que conoció el sistema le voló la cabeza y, a la vez, le generó una enorme frustración. Tenía cinco años y uno de sus amigos le contó lo que sus padres le iban a regalar para su cumpleaños. Al principio realmente no lo podía creer, pensaba que no era posible. Claro, genoma , ADN , y cromosomas no eran conceptos que un chico de su edad ni siquiera hubiera escuchado con frecuencia. Muchísimo menos la idea que pudieran ser reorganizados a voluntad mediante un procedimiento externo y que esta reorganización podía, incluso, convertirte en otra cosa, en un ser vivo de otra especie. Y que encima el procedimiento pudiera ser reversible era ya, directamente, cosa de un dibujo animado. Pero no, aparentemente era real y los padres de su amigo le habían regalado para su cumpleaños una semana de vida de perros, lo llevarían a un lugar donde una máquina reordenaría sus genes, cambiaría las secuencias de su ADN (eso le dijo, “secuencias de su ADN”, como si él entendiera de lo que habl...

Nadie se divierte en un puticlub

Nadie se divierte en un puticlub. El entorno, las luces, el decorado ya de por sí generan tristeza. Ni hablar de las miradas, lastimosas y huidizas de un lado y del otro. Nadie se siente realmente bien cuando va a un puticlub, hay en el propio acto de ir a fingir alegría un cierto tufillo a patetismo que se nota en el fondo del alma y, a veces, no tan en el fondo. Nadie elige, tampoco, trabajar en un puticlub, no si realmente pudiera elegir, no si las oportunidades le hubieran sonreído en otras partes, no si la cadena de decisiones tomadas hubiera mostrado desde el principio dónde iba a terminar. Ni siquiera los androides parecen fingir alegría con convicción. Si se tiene buen ojo, se les nota algo en sus movimientos que no termina de encajar con el papel que se les asigna. Buen ojo o cierta sensibilidad para percibir al otro.  La cita es en el puticlub y le molesta. Entiende que es territorio neutral y no vigilado por las autoridades pero, por lo mismo, el lugar ideal para una tr...

Los niños que duermen

 Cuenta una antigua leyenda que en un rincón del mundo hay una montaña con hielos eternos que tiene en su cima un monasterio donde un grupo de monjes buscan y educan a los niños que duermen, los elegidos, los soñadores, los niños D . Según esta leyenda pueden pasar cientos, miles de años entre la aparición de un niño y otro y no hay nada a priori que indique que un recién nacido sea un niño D, ni el género ni el color de piel o de ojos ni ninguna marca visible, sólo la certeza de los monjes de que un nuevo niño ha aparecido en alguna casa del valle, de ese valle habitado por descendientes de todos los posibles humanos de este mundo. Cuando nace uno, rápidamente los monjes lo llevan al monasterio donde el niño aprende todos los secretos del universo, desde cómo nace una estrella hasta cuántos huevos se necesitan para que un omelette sea perfecto. Todo, absolutamente todo. Y pueden aprenderlo y hasta les resulta sencillo justamente porque los monjes no se equivocan cuando eligen a u...